Los herederos de los fundadores

Un sitio para los y las fans de Harry Potter y la fantasía en general, esperamos compartir estos mágicos mundos con roles, escritos y más, ¡acabamos de abrir!.


No estás conectado. Conéctate o registrate

algunas diferencias son insalvables

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo  Mensaje [Página 1 de 1.]

1 algunas diferencias son insalvables el Jue Feb 04, 2016 11:41 pm

La ansiedad se respira por doquier, en esta noche de Halloween. El banquete, sumamente delicioso, no consigue llenarnos por completo, y aquí y allí veo gente removiéndose incómoda a espera de que la profesora McGonagall, nuestra directora, se haga cargo de instaurar el silencio y nos diga por fin qué decisión ha tomado el Cáliz de Fuego respecto a nosotros. Yo soy una de las que se remueven, de hecho. Mi novio, Phil Jonas, intenta tranquilizarme con una sonrisa, pero se me agita todo por dentro.

Mi nombre es Chloe Carmichael y tengo diecisiete años recién cumplidos, de suerte que me atreví a poner mi nombre a sorteo por este emocionante campeonato. Pertenezco a la casa de Gryffindor y soy la capitana de quidditch del equipo de allí. pese a que no tengo las mejores notas del salón ni mucho menos, mis cinco EXTASIS los llevo bastante bien, y me han llamado práctica y con agallas. No obstante, me muero de nervios ahora, que veo el comedor repleto, todos expectantes. Además, también me pica un poco ser la favorita de mi casa y la que, según todos, más probabilidades tiene de salir elegida. Me muero de nervios por si no llego a salir.

–¿estás muy nerviosa? –Me preguntó Zack Steele, uno de mis amigos. Asentí–: te irá bien, todos esperamos que salgas tú. Lástima yo todavía tengo dieciséis…

Phil también tiene dieciséis, aunque sé que sublimará si salgo elegida. Solo llevamos dos semanas saliendo, pero espero que lo nuestro dure mucho y que sea bueno. Realmente lo espero. Supongo que cualquiera esperaría que el que fue su mejor amigo desde primer año, también se desempeñe bien como novio. No me gustaría haber cometido un error.

Pronto, la profesora McGonagall se pone en pie. Es una mujer muy mayor, alta y severa, con unas gafas cuadradas y la nariz alargada también. Sé que ella perteneció a Gryffindor, y eso me da aún más valor. Le dedico una mirada al profesor Longbottom, el jefe de mi casa, y percibo cómo me hace un ligero guiño. También hay otros aspirantes a campeones en mi casa, claro, somos cinco, pero creo que con lo buenos compañeros que somos, no importará si el que sale es de dentro. Aún recuerdo cómo me hablaron del último torneo, uno de los campeones de Hogwarts, Harry Potter (el gran Harry Potter, sí), era de Gryffindor también.

–Silencio, estimadas y estimados –dice McGonagall severamente. No tiene que repetirlo ni enfatizar más, todos nos callamos al instante–: ha llegado el momento que  tanto profesores como ustedes hemos estado esperando, ahora desvelaremos el nombre de los tres representantes de cada colegio. Cuando diga sus nombres, por favor, diríjanse a la sala anexa, donde se les dará instrucciones respecto al torneo. Nunca olvidando, claro está, el carácter amistoso de este…

Mira al alumnado con dureza, como si pensara que alguno se la está tomando a un nivel más serio que lo estrictamente competitivo y sano. Más de alguno sí que lo hace, incluyéndome. Miro hacia la mesa de Slytherin, y en el sitio de siempre está ella. Melissa Malfoy, tan blanca como yo aceitunada, de pelo tan lacio como el mío encrespado. Somos enemigas en muchas más cosas.Sé, lógicamente, que también ha presentado su nombre al sorteo y ruego que, si no salía elegida yo, entonces que fuera cualquier otro menos ella.

El celador, Percival Keene, lleva el Cáliz de fuego a la mesa de la directora y lo pone sobre esta. La oscuridad en que se había quedado de repente el Gran Comedor, solo es alumbrada por las velas de las calabazas con sonrisas pérfidas y por las llamas de la copa, que de repente comienzan a crecer más y más, formando una delgada lengua de fuego que vomita un rollito de pergamino algo enegrecido, pero legible. Contengo la respiración y Phil me toma de la mano, para tranquilizarme.

–Representando al colegio Beauxbatons –Profiere, con fuerza, McGonagall–: ¡tendremos a Briggitte Baudelaire!

Los muchachos franceses, a los que mis amigas y yo habíamos echado codiciosas miradas, están sentados en la mesa de Ravenclaw. Una muchacha de entre ellos, a la que no puedo ver bien por el chal que la cubre, se levanta con aire grácil y se dirige, con paso decidido, donde le habían indicado. Hubo cierto revuelo en ese sector, pero pasa al instante. En seguida, y aumentando mis nervios, el Cáliz se comporta de un modo semejante, y escupe otro trozo de pergamino.

–Representando a Durmstrang –sigue la directora, implacable–: ¡que se levante el señor Pietro Nikoláievich Popov!

Un joven con la túnica rojo sangre del colegio, de cabello negro y piel bastante pálida, se levanta. sus andares sigilosos recuerdan a los de una araña, y es bastante alto, incluso un poco encorvado como va. Saluda a sus compañeros con una sonrisa irónica, se pasea majestuosamente por el comedor (estaba sentado en la mesa de Slytherin, y tuvo que recorrer todo el recinto), me basta solo verlo así para comprender que es un creidito bueno para nada, y que de tener que enfrentarme a él, no sería tan competitivo y amistoso como McGonagall había dicho.

Ahora sí, todo se encuentra en verdadera tensión. Los extranjeros están fuera, solo queda decidir, entre tantos estudiantes, quién nos representaría. Los nervios me crean un nudo apretadísimo en la garganta, y tengo que tragar saliva con todas mis fuerzas para deshacerlo. Phil me sonríe de forma cálida y aprieta mi mano. Mi equipo (todos compuestos por menores de edad, milagrosamente) me hace el signo de la victoria, demasiado precipitadamente como se demostraría más adelante. La directora deja pasar unos segundos, y continuó, cuando el trozo de pergamino vuela hasta ella, con la lengua de fuego característica.

–Y en nombre de Hogwarts –Dice, con un levísimo temblor de la voz, y sé que algo ha ido demasiado bien, o demasiado mal–: ¡Nuestra campeona será Melissa Malfoy!

La cortina de cabello rubio plateado, es airosamente agitada de los hombros de la muchacha cuando se pone en pie, digna y elegante. La mesa de Slytherin prorrumpió en aplausos desenfrenados, y otros en burlas para muchos de nosotros. Yo sentí que el mundo se me caía a los pies.

–había pensado –me susurra Phil, sonriente–: tirarles las bombas fétidas a los extranjeros cuando pasaran modelando por ahí. Bien, ahora lo apestoso será para ella.

Dedico una risa nerviosa y mi novio me abraza. Escondo la cabeza en su cuello y aspiro su perfume. Estoy llorando.

Ver perfil de usuario

2 Re: algunas diferencias son insalvables el Sáb Feb 06, 2016 6:55 am

Briggitte

24 horas han pasado desde que la directora de Hogwarts sacase su nombre del cáliz –¡pero si serás una campeona, Bri! –Dijo Claudia, mejor amiga y compañera de cuarto de Briggitte –no sé, todos se ven muy capaces... –Mientras revolvía su cabello negro entre los dedos, y ese sujeto de nombre ruso me da miedo, ¿viste su cara? –sí, la vi, ¿y qué?... –¡el sujeto parece un monstruo! –estás exagerando, parece lindo –Levantando la barbilla y con tono burlón, Made moiselle Baudelaire... –¿qué quieres? –Dijo Briggitte con un tono de pocos amigos, anticipando una burla de parte de su compañera –¿sería usted tan amable de presentarme aquel joven monstruoso y ruso? –Briggitte se le quedó mirando mientras a Claudia le temblaban los labios por aguantar la risa –¿sabes qué?, te lo presentaré, jamás he hablado con él, pero siendo yo campeona no creo que tenga problemas para que os conozcáis a la hora del desayuno –Claudia sintió como sus mejillas enrojecían, Briggitte había conseguido su primera victoria como campeona.

Acostumbrada a levantarse más tarde, Briggitte se encuentra dentro de su habitación para dos, alojada en el carruaje del colegio, la habitación tenía espacio para dos camas, dos armarios y dos mesitas de noche, para ella era un alivio no tener que llevar maleta... revolviendo entre su ropa encontró la falda que buscaba, de elegante tela azul, era su favorita, mientras quitaba arrugas con un sencillo hechizo Claudia llamo a la habitación –¿Bri, puedo pasar? –mientras ajustaba los últimos detalles de su uniforme, le respondió –sí, puedes pasar.

El carruaje de Beauxbatons era grande, pero no se comparaba a la grandeza que ostentaba el interior, las amigas caminaban por el pasillo que lleva a la salida desde los dormitorios de chicas, el lugar parecía más bien un castillo, cuando salieron se encontraron de frente al bosque prohibido, más tarde unos alumnos de Durmstrang les saludaron con un gesto de mano, de un día a otro, Briggitte era la más famosa de su colegio… pero antes de partir su viaje al castillo, Briggette quiso saludar a los caballos alados que tiraban del carruaje –Bonjour, Emmanuelle –le dijo a una yegua mientras le acariciaba… –¿sabes que no se llaman así verdad? –Dijo Claudia con los brazos en jarra –sí, pero estos ingleses no tienen nombres bellos, mira que ponerles nombres en honor a nuestros enemigos –bueno… –Señalando a dos pegasos en consecución con el dedo, esa no parece una Helga y ese no parece un Godric.

Ya dentro del castillo, Briggitte y Claudia se dirigían al gran comedor –Sinceramente… Beauxbatons es mucho más bello –Dijo Camila, después de una inspección de arte de magia ingles, Briggitte asintió con la cabeza, en el mismo pasillo un chico caminaba a gran velocidad en sentido opuesto –hola, made moiselle Baudelaire –Dijo el chico al detenerse frente a ellas, soy Neil, sólo quería saludarle y darle la bienvenida a Hogwarts –lo siento, pero íbamos al gran comedor –Dijo Claudia, posando por primera vez sus ojos negros en la chica inquirió –¿y tú de dónde eres? –¡¿nací en España y qué te importa?! –oh, nada es que el sur de Europa tiene la mayor concentración de mestizos y sangre sucia, como tú… –¡Hijo de puta! –Claudia sacó su varita con furia, pero el chico le estaba esperando con la suya alzada y tras bloquear un maleficio de moco murciélagos arrojó por los aires la varita de Claudia con un expelliarmus, tras describir un arco esta cayó unos metros por detrás de las chicas –¡¿cuál es tu problema, idiota?! –Dijo Briggitte apuntando a la cara de Neil, más alto que ambas, Neil mide 1,78 metros, tiene cabello castaño lo suficientemente largo como para tener que quitárselo de los ojos cada tantos minutos, de complexión atlética, es buscador de las serpientes… –yo no tengo problemas –Dijo Neil tras guardar su varita y acomodarse el cabello, es tu amiga la que tiene problemas, conteniendo el temblor de sus labios y el picor de los ojos, Camila aguantaba –si vuelves a tratarla así –¿qué?… ¿vas a maldecirme, en tu primer día? –Tras la respuesto cruzó los brazos, dile a tu amiga que acepte la sangre muggle que le tocó –¡perro! –Los ánimos bajaron, pero las miradas desafiantes de odio persistieron –sur revoir, campeona –Fueron las últimas palabras de Neil antes de seguir su camino pasando entre las dos amigas, cuando ya se hubo ido –¿cómo estás? –La apariencia de Claudia claramente demostraba que no estaba bien –¿cómo lo supo?… –Briggette no respondió, no estaba segura y tampoco quiso especular fuera de su mente, dispuesta a hacer magia –¿te traigo tu varita? –no –Claudia se separo de su amiga y caminó hasta donde voló la varita, estoy acostumbrada a buscar cosas sin magia… después de todo, en mi familia son todos muggles.

Después de una parada en el baño para limpiar algunos rostros, las amigas por fin pudieron llegar al gran comedor, su encuentro con el Slytherin y el baño les quitaron tiempo y ya había una cantidad considerable de alumnos desayunando… al parecer Neil no estaba en la mesa de su casa, lo que estaba bueno, también estaba él, lo que estaba mejor aún. Con aquel altercado parecieron haber obtenido una descarga de valentía, esto… no era nada en comparación al pasillo, ni a la primera prueba que esperaba a Briggitte, claro que eso ella aún no lo sabía, interrumpiendo una charla sobre escobas que mantenían los Slytherin con el campeón de Durmstrang… –Buenos días, Pietro… ¿te gustaría desayunar con nosotras?.

Ver perfil de usuario http://maleficiosprohibidos.foroac.com

3 Re: algunas diferencias son insalvables el Lun Feb 08, 2016 2:20 am

“Mi boca es mentirosa, dice frases de neón.
La tuya es fabulosa, ríe cuando río yo…”

Campeón de Durmstrang. He de reconocer que no me toma por sorpresa, aunque sí es un desafío muy grande de afrontar, y cuando me inscribí en esto, allá en el instituto, tuve que optar en si quedarme de espectador o manifestarme y poner mi nombre en el cáliz, lo que significa la casi certeza de que saldría elegido. No es por presumir (además tampoco le veo motivo de presunción alguna) pero soy uno de los más capaces, y no me interesa la gloria eterna, eso me diferencia con la otra chica que también es bastante competente. Si no interfiere con mi vida, creo que estoy bien como campeón. Medianamente atractivo para las chicas (alto, con pelo negro y piel clara, una figura aceptable que oculto bien bajo mis túnicas holgadas y mi capa), carismático, sonriente y extremadamente complaciente, pero listo.

Hoy es domingo, así que no debemos llevar el uniforme del colegio (y las chicas bien que aprovechan esta circunstancia para lucirse de cualquier modo posible, no lo voy a saber yo). Por mi parte, opto por ponerme una túnica bastante suelta de color azul, perteneciente a uno de mis cuatro hermanos mayores. Los cuatro, evidentemente, estudian o estudiaron prominentes carreras y del quinto no se esperaba nada menos. No es bonito, para muchos, vivir “a la sombra” de cuatro listísimos, pero francamente a mí me dio un poco lo mismo. Fui a lo mío, sin preocuparme de los sobresalientes que sacaba cada cual o de los títulos académicos póstumos al instituto, y no me alegra de forma maníaca haber quedado en el torneo, honor que ninguno tuvo la dicha de ostentar. Si gano el premio pues bien, mejor para mí y la educación de mi hermano menor (sí, ¡todavía hay uno más!), pues no tendrá que ocupar mis túnicas que ya me vayan pequeñas.

El barco de Durmstrang está casi vacío, pues soy de los que se levantan tarde, y eso de esperarse para ir juntos a todas partes se hace entre chicas. Un poco contrariado, de todos modos, salgo por la escalerilla y piso césped firme, fijándome en que los que han terminado de desayunar, la mayoría pertenecientes a Hogwartts, me miran y me señalan. Evidentemente, hablan de mi status de campeón. Las chicas apartan la mirada y susurran cosas, y yo les dedico una sonrisa amistosa, no coqueta, y sigo a lo mío. No estoy acostumbrado a este tipo de atención, pero me suelen decir que tengo mucha sangre fría, así que no pasa nada. Insisto, no se me sube a la cabeza la fama ni nada por el estilo.

Al entrar al hermoso castillo, el aroma a pan caliente y cosas deliciosas me lleva hasta el gran comedor. En la primera mesa de la entrada, que es la de Slytherin si no me equivoco (las serpientes plateadas y verdes, ya saben) hay sitio para nosotros, y hacia allí voy. No veo a mis amigos, pero sí a Katyusha Poliakova sentada sola, como siempre, atiborrándose de huevos con salchichas. Mientras fijo mi mirada en el cielo (que refleja el del exterior, eso es muy extraño y bello, me pregunto qué encantamiento habrán utilizado para tal efecto) me dirijo hacia ella y me siento en frente.

–Hola, Katyuuusha –el énfasis en la u lo he puesto desde que ambos teníamos once años. ella alza la mirada de su comida y sus ojos rasgados de color castaño se vuelven más pequeños, cuando me sonríe.

–Enhorabuena, campeón –dice, con lo que siento que es alegría sincera, aunque su prosodia es bastante extraña, como siempre–: me hubiera gustado felicitarte antes, pero ya sabes… primero te llamaron allá y luego estuviste todo el rato con tus amigos, no quise acercarme.

Después de decirle que debería haberlo hecho, con un tono cortés (y un poco falso, porque hasta yo sé que se sentirá con ellos tan incómoda como ellos con ella), me pregunta:

–¿qué tal las otras dos campeonas? Las vi, porque nos quedamos hasta el final del banquete. A mí me parecen muy modositas ambas, especialmente la rubia de Hogwarts –frunce la nariz y sacude su pelo castaño, en una muy buena imitación de la muchacha. No puedo evitar sonreír.

–Bueno… parecen capaces, tanto como tú. De hecho, la francesa, Baudelaire, me recordó algo a ti –respondí con sinceridad y ella sonrió, pero luego su sonrisa se apagó, y fijó la vista en su plato casi acabado de salchichas.

–Pero en versión guapa, supongo –musitó tristemente–: la verdad, por un lado me alegro de no haber salido campeona, solo porque desentonaría entre tanta belleza.

Y ahí estaba Katyusha Poliakova, morena, bajita, apocada, diciendo esos comentarios tan sinceros que tan incómodo resultan de oír. Algunos son bastante ciertos, pero no me gusta la posición en que me deja. Por un lado, suelo ser una persona complaciente que dice el sí que todos quieren escuchar, lo que me ha salvado del ostracismo en muchas ocasiones, pero por otro, detesto hacerla sentir mal. Prefiero una contradicción parcial que, a la larga, me granjeará un aprecio póstumo.

–No lo veo así –mentí, y cambié rápidamente de tema–: esa rubia, Malfoy, no te diré que haya hablado con ella, pues miraba con asco todo a su alrededor. Pero shhh, que son muy leales entre los de acá, y si no me equivoco ella es de Slytherin.

–¿Hablas de Melissa Malfoy? –me pregunta un chico que acaba de sentarse a mi lado. Otros dos se sientan en frente, uno a cada lado de Katyusha–: sí, Melissa es de Slytherin. Chica difícil. Es la mejor de nuestro año, con mucho temple y sangre fría…

Los escucho con atención. No está mal saber cosas de mi contrincante antes de tiempo, además ellos parecen conocerla bastante bien. Entre preguntas que van y vienen, me enteré de que su fuerte era la transformación y las pociones, que era muy brillante y muy querida en la casa de las serpientes, pero no en el resto del colegio.

–El sistema de casas me parece inadecuado –sostiene Katyusha de improviso. Es la primera vez que abre la boca y es para decir algo que, evidentemente, molestará al resto–: fomentan más la división entre estudiantes, y los hace identificarse con un animal y un símbolo, olvidando que todos somos iguales.

Ellos la miran con la boca abierta, a punto de decirle algo pesado, y mi sonrisa complaciente de “déjenla, es algo rarita” apenas la ven porque la muchacha se levanta con prontitud, haciendo lo que pretende sea una salida digna, aunque al levantarse se le engancha el pie en la silla y se medio tropieza antes de lograrlo. Los slytherins sueltan una risa burlona que me molesta un poco, pero no lo dejo demostrar. Se marcha, roja como un tomate, y ellos le fruncen el ceño.

–En mi vida voy a ser igual a un Gryffindor –comenta el que estaba al lado de Katyusha, mirando su asiento con el ceño fruncido–: o un sangre sucia.

Poco después, cuando el tema de nuestra conversación es más alegre, lo que considero como el primer acoso de chicas que ha sufrido el único campeón masculino se lleva a cabo. Briggitte Baudelaire y una de sus congéneres francesas se me acercan y me preguntan si quiero tomar el desayuno con ellas. Chicas… tengo muchas amigas (¡todo el que me conoce cree serlo!), pero las chicas son un poco difíciles. Pienso en Katyusha y llego a la conclusión de que, si bien atípica, también es la más difícil de todas.

–Vale, siéntense aquí cerca –les digo amistosamente, sonriendo. No parece que estoy un poco nervioso e incómodo, porque la verdad no lo estoy–: hola, Briggitte, ¿qué tal has dormido?

Ella parece sorprendida de que me dirija a sí con tanta naturalidad, pero mi sonrisa la relaja. He escuchado hablar a mis compañeros, Kolya el más entusiasta, sobre lo guapa que es la campeona de los franceses, y tienen razón. La conversación y el desayuno en general es ameno, y ambas chicas me caen bastante bien, aunque tengo que reconocer que la amiga me lanza muchas de esas miradas que no me gustan. Al finalizar nos levantamos, y como es domingo, les ofrezco que demos un paseo por el lago. Los slytherins me guiñan un ojo y se van a algún sitio de ese castillo tan grande, sin duda comentando la suerte que tiene el único campeón masculino.

Es bajando la escalera de piedra, y hablando de las diferencias entre los colegios, cuando nos encontramos con los indeseables.

–¿cuál de las dos es la sangre sucia, Neil? –Pregunta uno gordo y grande con una corbata de Slytherin, con una sonrisa desagradable. Un muchacho alto, pero bastante menos que yo, señala con la cabeza a la amiga de Briggitte–: ah, vaya. Ya pensaba yo, qué deshonra que la propia campeona fuese de tan mala calaña. Me alegra de que no sea así.

Una risa femenina, melodiosa y desagradable, se deja oír. Cuando miro bien al grupo, me doy cuenta de que Melissa Malfoy está también entre ellos.

–Yo cuidaría un poco mis amistades, Baudelaire –dice. Su inglés raya en lo presuntuoso, y arrastra ligeramente las palabras.

La francesa la manda a la mierda. Oh, esto me gusta. Mientras ella es explosiva, la otra, rubia y pálida, le obsequia una mirada de hielo.

–solo te daba un consejo amistoso –le dice, y pasa por su lado sin mirar atrás. la amiga de Briggitte le propina un empujón–: ¡no me toques, salvaje asquerosa!

Ambas francesas hacen un movimiento simultáneo, sacando las varitas de forma tan sincronizada que me asombra. A la vez, los tres chicos que venían con la rubia, las imitan. Parece que va a volar el infierno, pero se oye una voz que detiene todo.

–¿qué está pasando aquí?

Es la directora McGonagall.

Ver perfil de usuario

4 Re: algunas diferencias son insalvables el Miér Feb 10, 2016 6:17 am

Neil Nott

Yo fui el primero en bajar mi varita y el primero en hablar –¿qué está pasando aquí? –Dijo nuestra directora con una mirada inquisitiva sobre todos nosotros
–yo fui, profesora Mcgonagall
–ellos nos atacaron –Dijo la amiga de Brigitte a la vez que señalaba a los Slytherin con su índice
–¿qué hicieron? –Dirigiéndose a Malfoy y Neil, claramente debido a que ambos siempre han sido las mayores presencias en su grupo de amigos
–yo fui, profesora... sólo yo –Dije procurando sonar como si hubiese cometido un error
–espero a los dos en mi despacho –Volviéndose a las francesas prosiguió, en cuanto a ustedes… por este momento no hablaré con su directora, pero espero,… recuerden que en su país hace siglos se han acostumbrado a solucionar sus problemas sin batirse a duelo –Las Beauxbatons bajaron la cabeza en sincronía, quizás… su comportamiento haya sido demasiado impulsivo
–por último, Pietro…
–¿sí, señora?…
–espero estés disfrutando tu estadía en Hogwarts, tengo entendido que Durmstrang tiene fantásticos recursos para el estudio de criaturas mágicas, podrías darle una visita a nuestra guardabosques
–eso sería muy de mi agrado, directora… voy por una amiga e iré –Tras sus palabras el Durmstrang se despidió de la profesora y se encaminó al barco del colegio
–Neil Nott, Melissa Malfoy… detrás de mi.

Guapa, inteligente y una campeona, camino junto a ella y siento las miradas envidiosas de alumnos de Hogwarts, quizás, mi amiga sólo sea despreciada por Gryffindors, allá ellos. Después de todo, he logrado mi cometido, la culpa cayó sobre mi y Malfoy salió limpia –¿por qué lo haces? –Dijo la campeona de Slytherin al abandonar el despacho de la directora
–porque quiero, porque quiero que ganes, porque eres una Slytherin y porque yo lo habría agradecido si fuese el campeón, sea como sea, un “gracias” no estaría mal
–bueno… gracias, pero no vuelvas a hacerlo –respondió mientras se dirigían a la sala común
–¿y por qué no? –Pregunté, me detuve frente a ella para esperar su contestación, se le veía furiosa, realmente furiosa…
–¡porque no soy una niña estúpida que necesite de tu ayuda! –Los alumnos detuvieron sus paseos para oír el dialogo entre estos dos
–cálmate, eres una campeona –Dijo Neil tras arreglarse descuidadamente el cabello, el rostro de Melissa comenzó a relajarse, pero el rojo seguía en su rostro
–te pareces a un Gryffindor, yendo por ahí tratando salvarme.

Habían pasado horas y Melissa seguía furiosa, estaba estudiando en la sala común cuando le propuse jugar algo de Quidditch, no tendríamos campeonato, pero no estaría mal jugar un poco. Al no haber prácticas, sólo se les asignaba un día y hora en la que jugar a las casas, entre las 16:00 y las 18:00 es todo nuestro, acompañados por las tres cazadoras y el guardián nos dispusimos en dos equipos de tres jugadores, cambiaría mi rol de buscador por el de un lanza quaffles, ¿si ustedes se lo están preguntando?… sí, Melissa es parte del equipo de las serpientes, el año pasado era una golpeadora. Tengo la quaffle en la mano y la escoba en la otra, lo tenemos en la bolsa, Melissa y yo seremos cazadores y nuestro guardián es el guardián titular
–¡¿listos para jugar?!
–¡sí! –Dijeron los demás jugadores en coro, ojalá hubiese sido un partido de campeonato… porque los aplastamos. Todos estaban exahustos, pero valió la pena por la diversión, hasta Malfoy aparentaba haberme perdonado… supe lo contrario cuando apareció ella, llegó más temprano de lo habitual, aún quedaban 20 minutos para las 18:00, pero la buscadora de Gryffindor ya estaba en las bancas esperando el turno de su casa, pude notar una sonrisa dibujarse en el rostro de Melissa
–vayan, yo debo discutir algo privado con Neil –Sé lo que pensaron, el silencio al escuchar esas palabras me decía todo lo que pensaban de nosotros, sólo somos amigos, me habría gustado decirselos, pero para entonces ya se habían ido, Malfoy se puso frente a frente conmigo, por su parte Chloe seguía sentada en la banca mirandonos
–¿qué le harás?… –Pregunté a la chica
–le haremos lo que no le hicimos a esas francesitas pretenciosas.

El plan era sencillo y no tan horrible como esperaba en un inicio, aunque requería de una increíble habilidad en transformaciones, primero caminaríamos tranquilamente a la salida, al estar a corta distancia de la Gryffindor, echaríamos a correr, Malfoy la suspende en el aire, yo la desarmo, Malfoy la convierte en un gato y yo la empapo de agua, así debió ser, pero no… porque no quiero echar a perder la victoria de Slytherin por bromitas tontas… Melissa salió corriendo tras dejar a una pequeña gata suspendida de cabeza, por suerte ella estaba lo suficientemente lejos para ver lo que hacía
–finite incantatem –Al realizar el hechizo Chloe quedó sentada en el suelo, debo admitir que me dio una sensación agradable ver a quien fue mi enemiga deportiva masacrando su trasero por la caida
–gracias –Dijo la bruja mientras me sonreía
–eh… no importa, ¿así que esas miradas asesinas de Quidditch eran meramente deportivas? –Aquello no sé por qué lo dije, quizás sólo me sentí cómodo con esa escena, por lo que sé, Chloe al menos es mestiza, aunque mi fuente sea el comentarista de los partidos de Quidditch, de todas formas, no esperé su respuesta y fui tras mi amiga.

Sentados en los sofás de la sala común, termino las tareas que me han dejado en la semana, Malfoy lee… lee y lee, se prepara y no la culpo, yo habría hecho lo mismo en su lugar, sin darme cuenta cuándo sucedió, Malfoy sacó su flauta de algún lugar
–¿hagamos algo divertido? –Dijo la chica mientras me guiñaba un ojo y alzaba el instrumento, es definitivo, me ha perdonado…
–por supuesto –Me paro de mi asiento y saco mi varita, adoró hacer esto, sobre todo cuando otros no se lo esperan, ¡atención!, los alumnos nuevos no saben qué sucede, algunos más grandes vuelven rápidamente a sus dormitorios, pero otros por suerte les bloquean el paso a las escaleras… ¡semper sortia!
–dame cinco –Dijo la Malfoy entre todo el revuelo que acababan de provocar
–¡te daré seis, ahora eres una campeona! –De la varita de Neil brotaron seis cobras que comenzaron a arrastrarse por toda la sala, alumnos chillaban, otros reían, los menos gritaban y la mayoría aplaudía, cada vez los aplausos se tornaron más rítmicos y la música se notó con mayor claridad, era Malfoy tocando una flauta traversera para las serpientes, pronto las cobras comenzaron un baile sincronizado inspirado la música de tintes célticos producida por la bruja. Cuando las serpientes se cansaron, Neil las sacó de la sala común para que vayan al bosque, ellas sabrán llegar… me volví a sentar junto a Malfoy en los sofás, lo necesitaba después de haber bailado con las serpientes casi 10 minutos, los alumnos novatos mientras comenzaban a recobrar el color natural y los más grandes los empujaban a sus dormitorios, la sala pronto se vio casi vacía…
–oye, Melissa…
–¿qué? –Dijo ella cansada, pero con una sonrisa en el rostro
–ahora eres muy popular
–¿y…? –Malfoy se inclinó un poco hacia adelante para oír mejor a su amigo
–me daría algo de celos si otro viene y te lo pide, y de seguro te lo pedirán muy pronto, así que… ¿vas al baile de navidad conmigo?

Ver perfil de usuario http://maleficiosprohibidos.foroac.com

5 Re: algunas diferencias son insalvables el Sáb Feb 13, 2016 2:07 am

Chloe Carmichael.

Es sábado 20 de noviembre. Hace veintidós días que mi deseo de ser campeona se vio frustrado, y ya no pienso mucho más en ello como una situación lamentable que hiere mi orgullo, sino como en una derrota para Hogwarts. Ni bien amaneció el día siguiente al nombramiento de los campeones, fui a la biblioteca para informarme sobre la tasa de nombramiento en Hogwarts y descubrí que hace cinco siglos que el representante del colegio no pertenecía a la casa de las serpientes. Y ahora, digna y orgullosa, Melissa Malfoy ostenta el título a diestra y siniestra. Me importa poco que me llamen traidora, pero deseo que gane la chica de Beauxbatons. Es la única que le hace honor al título, pues el idiota de Durmstrang se la pasa riéndose con sus amigos. Ni una sola vez lo he visto aplicándose y estudiando para la prueba que se le aproxima.

Este sábado, los de tercer año hacia arriba tienen permiso de ir a Hogsmeade, y mi novio me está esperando bajo las escaleras de mármol.

–¿Vienes, Chloey? –me pregunta, todo sonrisas. Es una mañana otoñal y si hay algo que me apetece es pasearme junto a él, riéndonos de cualquier cosa, comprando caramelos o bebiendo en las tres Escobas. Pero mi deber, tan arraigado y tan Gryffindor, me lo impide.

–No podré, Phil –le digo tristemente–: es que… tengo que saber qué se trae entre manos ahora Malfoy. ¿irá al pueblo o preferirá quedarse martirizando a otros? ¿O bien trabajando en aquello que la tiene tan ocupada que ya ni siquiera molesta a los demás?

Phil pone los ojos en blanco, exasperado, como diciendo que no voy a cambiar nunca. Y bueno, creo que es verdad.

–Oye… últimamente no haces otra cosa que pensar en Malfoy –me susurra, subiendo las escaleras. Hay un matiz acusador en sus ojos y tono–: ni siquiera juegas como se debe al quidditch. Todo es que si Malfoy esto, que si Nott la acompaña en aquello, que si los campeones esto…

Me puse levemente furiosa. ¿es que nadie parece darse cuenta de que Melissa Malfoy, y especialmente Neil Nott no son los mismos? Que se meten en menos líos que de costumbre –es más, a Nott no se le ha visto mucho el pelo esta semana–, y que parecen andar siempre juntos susurrando cosas. Yo no puedo olvidarme, por ejemplo, de la vez en que me salvó de una broma muy pesada que su amiga rubia quería gastarme. ¿Qué demonios pasa a todo el mundo que no puede verlo? Es evidente que algo se traen entre manos, y por lo que yo sé, no es nada bueno ni sano. Pareciera como si el torneo de los tres Magos les está dando una excusa más refinada de ser crueles. Y por ningún motivo, dejaré que sus intenciones salgan bien.

–Malfoy y Nott no me importan, en sí –digo, algo enojada, irradiando chispas por los ojos oscuros–: es lo que están haciendo, y sobre todo lo que harán a otros, lo que me inquieta. No me gustaría que le jueguen una broma pesada a nadie…

Phil no sabe, ni nadie en realidad, cómo me habían emboscado en el campo de Quidditch, cómo Melissa empleó sus conocimientos vastísimos en transformaciones para convertirme en gato –una gata negra, dudo que por casualidad– y cómo Nott deshizo el encantamiento. No me trago que se volvió bueno de repente, porque estas cosas no pasan. Nott y yo somos rivales desde tercero, cuando se hizo buscador de las serpientes, y siempre fue un terrible ganador y un pésimo perdedor. Así que, si hablamos de alguien en quien tuviese que ejercitar su recién descubierta bondad, la buscadora de Gryffindor no sería la indicada.

–Entonces… ¿no vas? ¿Has pensado en que tal vez tus buscados estén en el pueblo? –Ahora, la exasperación gana al reproche, y conociendo como conozco a Phil, sé que está a punto de decir la última palabra y largarse.

–Sé que no lo están. Si quieren desarrollar algún tipo de plan, el colegio está mucho más vacío ahora. Serían muy idiotas si no lo aprovechan –simplemente digo, en un tono categórico. Luego, suavizando mi expresión, murmuro–: lo siento, Phil.

Mis ojos rebosan ternura. De verdad que lo quiero, pero sé que me sentiré muy culpable si no aprovecho para descubrir qué se traman estos dos. Tan segura estoy de que traman algo, como de que mi pelo es negro, o de que McGonagall lleva más de sesenta años sin echar una canita al aire.

–No pasa nada, Chloe Holmes –me sonríe, y luego me aproxima a él en un torpe abrazo que le retribuyo con ganas–: a ver si logras descubrir qué sucede antes del almuerzo, porque no me quiero quedar sin comer contigo.

Le prometo que trataré de hacerlo, beso sus labios con suavidad y me aparto de él, perdiéndome en la pared. A continuación, en un pasadizo oscuro donde no pierdo de vista la puerta de entrada, me echo por encima la capa invisible que le pedí a mi padre cuando cumplí quince, y que por el momento aún conserva todas sus propiedades, y salgo del escondrijo, totalmente invisible. Phil Jonas se ha perdido de vista ya, con sus amigos supongo, y le dedico un pensamiento de buena suerte antes de dirigirme hacia el gran Comedor, con pasos silenciosos como los de una sombra. Los rezagados están terminando de desayunar, y en la mesa de Slytherin es muy clara la cabeza platina de Melissa Malfoy, altiva y orgullosa. A cada lado y enfrente, subordinadas 1, 2 y 3 terminan su desayuno, orgullosas de haber sido aceptadas en el grupo de la chica.

–¿qué piensas hacer hoy, Mel? –pregunta Alessa Crabbe, alias Subordinada 1, que ya había terminado su porción–: nosotras queremos ir a Hogsmeade.

Nosotras queremos, vamos a, nosotras pensamos que. Si hay algo que me molesta de las chicas populares es esa propensión a la unión. Yo tengo amigas, pero cada una va a lo suyo y nos juntamos cuando queremos. Melissa, parece ser de la misma opinión, o es que tengo razón en sospechar de ella.

–Ese pueblucho… me lo sé de memoria –masculla, con desprecio–: además, tengo cosas más importantes que hacer que pasearme como una idiota con este frío que pela.

Mi corazón late con fuerza al oír esto. Late con tanta fuerza, de hecho, que temo que Melissa vaya a escucharlo desde donde estoy.

–¿Es respecto al torneo? –Pregunta Sybill Brown, alias Subordinada 2. Parece curiosa–: ¿O te vas a poner a jugar con la cobra de Nott?

Aquello parece, a leguas, una insinuación en doble sentido. Siento mis mejillas ponerse rojas, y entre las tres subordinadas sueltan risitas y sus guiños de ojos parece que hablando de una cosa refieren a otra. Pero al parecer, Malfoy no lo encuentra tan divertido como ellas.

–¿Cuántas veces tendré que repetir que solo somos amigos? –dice, enojada. Se levanta de la mesa con tanta rapidez que estuvo a punto de chocar conmigo, y tengo que echarme atrás con toda la consistencia de mis reflejos. Pero ella prosigue, desde su imponente altura–: Ahora mismo, jugar con las cobras de Nott es la única cosa divertida de este colegio. Ni siquiera el torneo tiene gracia, ¿se fijaron en los palurdos que tengo como contrincantes?

Y se marcha, dejando solas a las tres chicas, que como sé bien irán a Hogsmeade a soltar risitas. Ellas no me interesan, no obstante. ¿qué hace a Melissa Malfoy dar esquinazo a sus tres inseparables? ¿irá a buscar una cita romántica y prohibida con Nott, para jugar con su “cobra”? Lo dudo mucho. Que Nott y Malfoy estuviesen juntos sería celebrado, no vilipendiado. No le veo motivos para que tengan que esconder algo… a no ser que no sea algo romántico, sino siniestro. No me quito de la cabeza que Malfoy dice que “jugar con las cobras es lo único divertido del colegio” ¿a qué se referirá? Que es una cosa en doble sentido está claro, pero evidentemente ese sentido no es sexual. ¿Estoy a punto de averiguar, por fin y después de casi tres semanas, lo que se traen entre manos?

La rubia sale del comedor, y con paso férreo sube las escaleras de mármol hacia los pisos superiores. Con el corazón en un puño, la sigo bien de cerca, invisible y alerta. Cuando llega al cuarto piso, pienso en qué cosas oscuras pueden ocultarse allí, y mi seguimiento da un giro cuando me doy cuenta de lo que está haciendo. Por poco, me daría cabezazos contra la pared y me echaría a reír de mi estupidez. Debería haber sabido que nos dirigíamos hacia la biblioteca.

Melissa Malfoy tiene el objetivo oscuro de ponerse a estudiar para la primera prueba, fijada para el miércoles 24 de noviembre. Pareció segura mientras se enfrentaba a sus amigas, pero ahora, mirándola elegir libro tras libro con títulos como “enfrentándose a lo desconocido”, “maleficios y tácticas para situaciones desesperadas” y cosas así, llego a la conclusión de que tiene tanto miedo como cualquiera. Por lo que conozco, ni los campeones saben a lo que se van a enfrentar o lo que tienen que hacer. Malfoy, cada vez más pálida, pasa página tras página y verla leer con tanta rapidez, me marea. No puedo creer sentir lástima de una de mis enemigas más acérrimas, pero así es.

Veo a la rubia inalcanzable y fría, tan humana como pocas veces.

Como me doy cuenta de que no hay ninguna actitud secreta en su actuar, decido marcharme. La dejo sola, oculta tras muchos mamotretos que parecen tragarla. Ya me había librado de chocar una vez, y creo que dos veces sería demasiado. Al salir de la biblioteca, todavía invisible pero ahora distraída, me topo de bruces contra Neil Nott y choco contra él con tanta fuerza que salgo propulsada hacia atrás. él abre la boca, dispuesto a insultar, y no ve a nadie…

Me escabullo hacia atrás, lo más silenciosamente que puedo, aunque me he golpeado en el pecho con los libros que lleva. Es evidente que va a ayudarle a Melissa con su búsqueda, y aquello me parece tan humano y tan poco slytherin que siento aún más ternura. ¿estarán enamorados? Capaz, pero comprendo que puede que Phil tenga razón y no haya nada de maligno entre ellos dos.

Y hablando de Phil, ya es hora de dejar de investigar e irme a su lado, donde sé que me echaré unas risas y podré compartir mis hallazgos. Poco sabía yo la sorpresa que me iba a encontrar…

Ver perfil de usuario

6 Re: algunas diferencias son insalvables el Dom Feb 21, 2016 5:40 pm

Este es mi tercer intento, a diferencia de los demás alumnos, yo no tengo los modales, la clase; o en este caso, la caligrafía de ellos, Claudia yace durmiendo al otro lado de la habitación, a ella le aceptaron la solicitud en su primer intento, como dije antes este es mi tercero y tengo 15 minutos antes de que rechacen las solicitudes, lo intenté recostada sobre la cama, sentada, apoyada en la mesita de noche, en la pared, al final el suelo parecía el lugar idóneo para sacar lo mejor de mi... y ya está, selló el pergamino con un toquecito de varita y me levanto, al salir de mi habitación no hace falta que apague la luz, desde hace unos meses Claudia comenzó a acostarse con su varita dando luz toda la noche, lo ha intentado, pero sin Lumus no concilia el sueño, debería guardar la tinta y la pluma, pero quizás tenga que volver a rehacer mi carta a la carrera, saco mi varita y activo la cerradura invisible con ella, Claudia, ojalá estuvieses despierta para desearme buena suerte.

El carruaje de Beauxbatons está hechizado para ser más grande, casi al extremo de hacernos sentir en un palacio, como en casa, la estructura se hizo pensando en lo bello y lo sublime, el pasillo en que se encuentran las habitaciones de chicas tiene unos 200 metros aproximadamente, a mi derecha e izquierda están las habitaciones, los marcos de las puertas están tallados con formas de animales del bosque, la mía tiene un par de golondrinas cantoras, las cuales de verdad cantan, aunque sólo cuando están de ánimo, hoy no es el caso y siguen tan quietas como siempre. Esta noche han salido los monitores, allá sobre los dinteles de las puertas se encuentran ellos, son unas pequeñas ratitas blancas, no se puede salir después de la medianoche, así que ellos están ahí para avisar al profesorado si un alumno infringe los horarios de salida, quiero correr hasta la habitación de la directora, pero mis amigas peludas me siguen con la mirada a la espera de que cometa una infracción, las ratitas saltan de una puerta a la otra para seguirme, tengo la espalda recta y los brazos coordinados con mi caminar, le lanzo besitos a los monitores, pueden ser pesados con su vigilancia, pero eso no quita que sean suavecitas y abrazables... al fin llego a la habitación de Madame Adéle nuestra directora, al finalizar el pasillo una de las ratitas saltó de las alturas para seguirme en tierra, no me gustó que tuviese que seguirme así por lo que la tomé en mis manos y así se encuentra vigilando ahora, mientras deja que le acaricie su pelaje, cruzo el vestíbulo con el monitor y busco las escaleras, cada día cambian de lugar, es para recordarnos valorar lo que tenemos sin tener que haberlo perdido para notarlo o algo así, no tomé mucha atención entonces... no puede ser que pierda tanto tiempo en esto, la alfombra roja es por todas partes igual, las estatuas de sirenas y unicornios no ayudan porque se parecen todas, además, los dos metros de estas impiden en gran medida la búsqueda de las escaleras por medio de la visión
–tú deberías ayudarme –Le digo a la pequeña ratita, el animal se revuelve en mi mano y apuntó su nariz al oeste de mi posición, es mágico, la escalera de 20 escalones se encuentra junto a la salida, le agradezco al monitor y este vuelve a su posición de confort, subo las escaleras y la ratita se esconde en el bolsillo exterior de mi túnica, tal vez no quiera ver a la directora.

De la directora de Beauxbatons sé poco, al igual que los demás alumnos en realidad, no hace mucho llegó de Italia a darnos clases de Bellas artes mágicas, algo no muy útil para quienes deseen un trabajo más practico a futuro, bueno, en realidad esa es sólo mi opinión, la cosa es que llegó hace poco contratada por la antigua directora, y cuando digo antigua directora, en realidad me refiero a muy antigua, yo no estuve antes, pero he oído de ella, dicen que medía más de 2 metros y medio, seguro sólo exageraban, en fin, ella le contrató y cuando decidió jubilarse la dejó a cargo, nunca me cayó realmente bien Madame Adéle, y espero intuyan por qué sin tener que decírselos. Después de haber subido veinte escalones, me encuentro frente a la puerta del dormitorio de Madame Adéle, a los pies hay un felpudo con un mensaje escrito en letras cursivas “Por favor, prepare una buena entrada limpiando sus zapatos”, tomo el pomo de la puerta con mi mano derecha, la puerta es de roble encantado, tallado en la madera se encuentra la insignia de nuestra escuela, dos varitas doradas, cruzadas y con tres estrellas brotando de cada una; aunque en este caso, las varitas son del color de la madera, o al menos por el momento.. toco el punto de encuentro de las varitas con la mía, el símbolo comienza a titilar en colores dorados, si las estrellas se hacen azules, se puede pasar, rojas no se puede, y blanco nadie puede atender la puerta, las estrellas comienzan y brillar, de color.. y son azules

–Adelante, Made Moiselle Baudelaire –Limpio mis zapatos en la entrada y doy un par de pasos al interior, la directora está sentada en un sofá de terciopelo marrón, se quita las gafas y me mira directamente a los ojos dejando el libro que antes disfrutaba en una mesita frente a ella

–Madame Adéle –Agacho mi cabeza en una referencia, he venido con mi permiso para..

–Made Moiselle Baudelere, no olvide tomar la punta de su falda con los dedos, así –La directora de Beauxbatons se levanta y demuestra gráficamente como realizar el movimiento de la mano, es una campeona y debe saludar con educación

–sí, Madame Adéle –Vuelvo a realizar la reverencia y evito mirarle a los ojos, esto es una estupidez, pero si protesto me dará un sermón de mil demonios, levanto la cabeza y ahora puedo verla a los ojos, es una mujer bastante baja, de menos de 1,60 metros, cabello negro, cara demasiado joven para ser una bruja de más de 60 años; y una piel morena que va con sus ojos avellana

–acerque su permiso, Made Moiselle Baudelaire –Dice la bruja extendiendo su mano, saco la carta de un bolsillo exterior de mi túnica, aún está mi amigo ratón ahí

–aquí tiene, Madame Adéle –La directora tomó la carta y me pidió sentarme en el sillón frente a ella, a mi derecha hay una chimenea y frente a mi está la mesita, la bruja toma sus anteojos de la mesa y comienza a leer mi permiso para ir a Hogsmade con los alumnos de Hogwarts, sí, soy menor de edad, entré un año antes que lo usual, pero eso no es importante, antes de venir, mis padres autorizaron todas mis salidas y la participación en el torneo de los tres magos, el problema es la mujer que tengo enfrente, no me dejará a menos que supere su control de caligrafía

–Hmmm –La mujer vuelve a enrollar el pergamino y lo sella con un toque de su varita, Made Moiselle Briggitte, sé que esto debe ser difícil para ti, pero usted debe ser un ejemplo de la entereza del alumnado de Beauxbatons

–sí, lo sé –Dije cabizbaja, esperando un reproche

–el torneo de los tres magos fue creado para unir a las distintas escuelas, es una competición amistosa, lo que no significa que debas ser suave, representas a Beauxbatons con todo lo que eso significa, y si estos días soy más estricta contigo entiende que lo hago por ti y la escuela, y por mi, nunca fuiste la mejor de mi clase, pero es la excepción, por todo lo demás que puedes lograr es que confío en ti –La profesora se da vuelta y busca una caja que no había visto de un librero que tampoco había visto, el color de las repisas era tan parecido al marrón de la madera de las paredes que se camuflaba

–Muchas gracias, Madame Adéle –Después de esas palabras, hubo un silencio, lo había hecho bien, mi caligrafía terminó siendo aceptable, lo que es mucho para mi, aunque lo más importante era lo que estaba dentro de la caja, un regalo de la directora, es una medalla con la insignia del colegio, parece ser de oro, lo que no parece es nueva, quizás es de ella, lo importante es que no me lo quitaré, al menos no hasta devolverlo a su dueña, me retiro y agradezco el obsequio, cuando ya me encuentro girando el pomo de la puerta, siento como el ratón comienza a revolverse en mi bolsillo, estuvo completamente silencioso durante la charla, pero entonces..

–Made Moiselle, Briggitte –Mañana llegarán las mascotas de los alumnos, buenas noches

–oh –Eso es fantastico, los animales vendrían apenas nos hubiésemos acomodado en la escuela, lo espere, pero nunca creí que sería tan pronto, la noticia me alegra mucho, muchas gracias por la información, Madame Adéle.

–ve a descansar, Baudelaire, nuestra campeona ha de estar descansada.

Mi sueño imperturbable dejó de serlo cuando sentí un golpe seco en la puerta del dormitorio, Claudia sigue con su varita en las manos, pero no hay luz que emane de ella, apunto con mi varita a las cortinas de la habitación y las descorro un poquito, afuera ya es de día y aún así sigo cansada.. me levanto con mi pijama, siento el ahora salido metal de la medalla que cuelga de mi cuello, hay una carta bajo todas las puertas, me agacho para tomarla

–¿qué es? –Pregunta Claudia tras darse una vuelta en su cama

–ahora veré –Tomo el sobre y le doy vuelta, viene de la oficina de correos de Gran Bretaña, abro la carta y la leo

–¿y…?, ¿qué dice? –Pregutna m amiga

–dice que ya podemos recoger nuestra paquetería en las oficinas de correo más cercana, queda en el pueblo Hogsmeade, también podemos pagar 3 sickles para que los traigan hasta aquí y bla bla bla –Arrugo la carta y la arrojo a la papelera, ¿te parece si vamos temprano?

–Hmm… –Claudia se siente y pone expresión pensativa

Terminó accediendo a regañadientes, no es muy fanática de salir por las mañanas, pero debemos volver temprano así que no tenemos tiempo que perder. Es un día frío, el camino curvo que lleva de Hogwarts a Hogsmeade está cubierto de nieve, llevo una túnica gruesa para el frío, la capucha cubre mi cabeza de los copos de nieve, a Claudia no le parece molestar el frío, parece una bruja de hace siglos con esa ropa, su túnica es negra al igual que sus zapatos, las mangas le cubre todas las manos y apenas puedo verle el rostro bajo ese sombrero de bruja tan grande, es divertido porque se llena de nieve la cabeza, cada cierto tiempo la quito con mi varita y hago una bola de nieve con ella, para esto soy muy buena, tomo la bola y la lanzo con un hechizo repulsor
, si tengo suerte, le caerá a otra persona un par de kilómetros más allá y nosotras estaremos un par de Kilómetros más acá

–allí es –Dice Claudia señalando la oficina de correos,
cuando entramos hallamos a varios alumnos de Beauxbatons, veo una imagen familiar, de nuestro mismo curso, un chico viene cargando una lagartija en las manos, ambas le saludamos, pero sólo me besa a mi que no estoy escondida entre tanta ropa como Claudia

–¿qué tal te fue, Etienne? –Digo refiriendo a su mascota, la verde lagartija no me transmite ningún sentimiento, espero hayan tratado bien a nuestras mascotas, pero esa lagartija parece muerta hasta cuando se mueve, lo que por cierto está haciendo ahora mientras se sube a la cabeza de su amo, el contraste entre el cabello pelirrojo de Etienne y lo verde de su lagartija me llena la cara de una sonrisa

–han sido excelentes, Trevor fue muy bien cuidado, su caja hasta estaba cálida, Bri, no te preocupes por tu conejo, está en buenas manos –El chico toma el cuello de su túnica y la lagartija se desliza dentro, donde puede beneficiarse del calor corporal de Etienne, por mucho que me agrade, su trato con Trevor me dan algo de ñañaras, trato de ver hacía otro lado y veo como Claudia recoge a nuestras mascotas

–gracias, será mejor que busque a la mía entonces –Nos despedimos y veo como el chico se adentra en el frío con una lagartija abrazando su pecho, vuelvo a tener un escalofrío y me reúno con Claudia.

Salimos del correo con nuestras mascotas, mi conejo blanco con negro está en mi bolsillo de la túnica, no es la misma de ayer por cierto, no huele a ratón ni nada de eso, está cómodo y lo siento moverse, quiero sacarlo y mimarlo, pero las calles de Hogsmeade están congeladas, por su parte, Claudia lleva un cuervo en la punta de su sombrero, aún recuerdo el día que nos conocimos, teníamos 11 años y comprábamos los materiales para el colegio, en ese entonces Claudia ya sabía francés, al enterarse sus padres que era una bruja comenzaron a inscribirla en cursos de francés para cuando vaya al colegio, ese día estábamos ambas en la tienda de mascotas mágicas, discutiendo sobre cual sería la mejor compañía, Beauxbatons permite cuervos, lagartijas y conejos, a pesar de que sólo discutimos entonces, cuando nos volvimos a encontrar en el colegio no volvimos a separarnos, y hablando de no separarse, el cuervo que compró Claudia tenía como característica jamás separarse de su amo, y hasta ahora nunca lo ha hecho

–¿te parece si vamos a comer algo? –Dijo Claudia señalando un salón de té, a la entrada un cartel señalaba el local como “Madame Pudipié”

–sí, quiero desayunar –Además de querer desayunar, sería una buena oportunidad para sacar de mi bolsillo a Cherri, por cierto mi conejito se llama Cherri. Me adelanto dejo pasar a Claudia detrás de mi, el lugar parecía muy elegante, barriendo el lugar con la mirada no encontré una mesa vacía, aunque en una de ellas había una chica discutiendo muy feo con un sujeto, ambos eran de Hogwarts por su inglés, sentado junto al chico había otra chica que parecía querer desaparecer con una capa invisible de la vergüenza

–mira –Le susurro a Claudia, allá parece que un chico se portó mal con su novia, al ver lo que yo la bruja asiente, de todo esto, lo bueno es que los tres se fueron y pudimos sentarnos ahí

–no sé si me gusta tanto este lugar –Dijo Claudia ahora sin sombrero, habíamos pedido galletas, un pastel y té, pero ya antes de que hubiese llegado el té comenzamos a sentirnos incomodas, al fijarme mejor, me di cuenta que todas eran parejitas de Hogwarts, muchas intercalaban comida y besos

–en realidad, a mi tampoco –Cuando llegaron las galletas, le di una a Cherri, seguía en mi bolsillo, no sé si tenia miedo del cuervo o de Claudia, pero durante toda la salida sólo me veía a mi con sus pequeños ojitos, un momento... ¿Claudia?

–¿qué? –Dijo la chica con su cuervo en el hombro

–¿tienes alguna intención oculta conmigo?

–¡¿qué?! –Su mirada, amistosamente asesina

–por favor, hasta las galletitas tienen forma de corazón –Dije mientras le enseñaba una de las de ellas

–ya, vámonos –En menos de lo pensé, ella ya estaba con su sombrero puesto, pagando la cuenta, salió rápidamente y fui tras ella

–vaya, gracias por la cita –Mientras camino junto a ella, Claudia evita mirarme

–tú pareces la que sublima con estas bromas –Por suerte nada fue más allá de bromas pesadas, no al menos entre nosotras, para desgracia de otros, cuando íbamos de vuelta al carruaje, encontramos una tienda de Sortilegios Weasley.

Ver perfil de usuario http://maleficiosprohibidos.foroac.com

Contenido patrocinado


Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba  Mensaje [Página 1 de 1.]

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.